Ejecución de Llàcer y Montejo          

(en la foto la cárcel Modelo en su época) El 10 de noviembre de 1924, a las cinco de la madrugada, en el patio de la cárcel Modelo de Barcelona (Cataluña) son atados por los verdugos de Madrid y de Burgos, José Llàcer Bertran, catalán de 26 años, y Juan Montejo Arranz, de 19 años y natural de Liceras (Soria), militantes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) – Llàcer del Sindicato del Metal y Montejo del Sindicato Único del Ramo de la Alimentación – , condenados en Consejo de Guerra sumarísimo por un Tribunal Militar por matar a un guardia de seguridad (Bruno López Ruiz) y herir a otro (José Jarque) durante el asalto del cuartel de Atarazanas, el 6 de noviembre de 1924, y de la muerte del verdugo de Barcelona, ​​el 28 de mayo de ese mismo año.

Las últimas palabras de Montejo fueron: «¡Viva la anarquía!»; El último gesto de Llàcer fue escupir el rostro de quien lo había de matar, el verdugo de Burgos. Llàcer, que tenía esposa y un hijo, antes de morir hizo testamento, donde recomendaba a su compañera que educara de manera libertaria sus hijos, esta mujer, encinta, se puso de parto por la impresión en la noche de la ejecución, pero nació muerta por el mal trance. La militante anarcofeminista Lola Iturbe, que pasó la vela con la familia de Montejo en la cárcel con los condenados, escribió un artículo antológico, «Héroes de ayer. Llàcer y Montejo «, que fue publicado en Solidaridad Obrera, el 16 de noviembre de 1938, con su seudónimo Kyralina.

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